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El
Pueblo del Arco Iris
Chinchero, la población más típica del Valle Sagrado de los Incas, es una ciudad netamente incaica que los ambiciosos conquistadores quisieron "civilizar" para implantar su cultura, pero nunca lo lograron totalmente. Sus pobladores habitan las construcciones incaicas casi intactas, en el mismo lugar donde sus lejanos antepasados vivieron y formaron la civilización más grande y próspera de América.
La ciudad del Arco Iris está ubicada 28 k. al noroeste de la ciudad del Cusco, sobre los 3,762 m.s.n.m, en un lugar intermedio entre la puna y la templada quebrada, flanqueada por los nevados de Salkantay, Verónica y Soray. La vista desde aquí es impresionante.
La actual población de Chinchero se encuentra sobre un antiguo poblado prehispánico y constituye una de las muestras más representativas de la resistencia cultural andina. Sus pobladores, ataviados con trajes multicolores, conservan en su mayoría la pureza de la raza india; tienen como único idioma el quechua y mantienen imperecederas sus costumbres milenarias que se niegan a abandonar.
Los ayllus o comunidades indígenas aún persisten, así como el trueque o intercambio simple de mercancías. Son católicos, pero frecuentemente afloran de su inconsciente antiguas creencias religiosas, muchos aún agradecen a la "mamapacha" y a los "apus", que son los espíritus de las montañas; así como también les ofrecen "pagos" para superar algún problema o para tener buenas cosechas.
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Historia
Los orígenes de Chinchero se pierden en la noche de los tiempos. Hay vestigios que datan de hace dos mil años aproximadamente. Los primeros habitantes de la región fueron los ayarmacas quienes, al llegar los primeros gobernantes cusqueños, defendieron su territorio y ofrecieron seria resistencia antes de ser incorporados al imperio.
Chinchero fue el lugar elegido por el inca Túpac Yupanqui para establecer su residencia.
El mandó construir bellos palacetes para su uso personal y el de su panaca.
Años después, hacia 1,536 en plena Conquista,Manco Inca inició su rebelión incendiando Chinchero para que los españoles no renovaran sus provisiones, y dejaran de perseguirlo en su retirada hacia desconocidas regiones selváticas.
Cuando el virrey Toledo visitó el Cusco se detuvo en Chinchero. Aquí estableció una reducción de indios y mandó construir la actual iglesia, que fue levantada sobre hermosas salas incaicas. Más tarde, durante la revolución de Túpac Amaru II, el curaca de Chinchero, Mateo García Pumacahua, se levantó en favor del Rey de España para combatir al rebelde. El triunfo de Pumacahua fue originalmente eternizado en un mural en el que hoy figura un puma derrotando a una serpiente o amaru.
Chinchero Hoy
En Chinchero el pasado persiste obstinadamente, como si el espíritu de una cultura milenaria se aferrara en este lugar, negándose a desaparecer. Los pobladores nativos, ataviados con coloridos trajes típicos, bajan de sus comunidades los domingos y se aglomeran en la plaza principal para intercambiar sus productos. Ver a todo este grupo de gente de raíces culturales profundas, ajenos a todo signo de modernidad, resulta todo un espectáculo.
La actual plaza principal, donde se realizan estas famosas ferias dominicales, tiene una singular belleza; presenta una pared inca de doce hornacinas, cada una de 2 m. de alto y 1.50 m. de ancho.
Esta pared a su vez sirve de paramento y contención de otra plaza que se desempeña a manera de atrio frente a la iglesia. Presenta además arcos coloniales en las esquinas de la plaza, edificios de cimentos y muros de adobe, inmensas salas con ventanas, puertas y andenes que son una pequeña muestra de la grandeza de la cultura incaica.
De otro lado Chinchero fue y sigue siendo uno de los graneros del Cusco. Sus fértiles tierras, los hacen excelentes productores de papas, ollucos, ocas, habas, cebada y trigo, que constituyen el eje del comercio agrícola en la zona.. |